Marketing y yo tenemos una relación enfermiza de amor y odio...
y es que verán, marketing es como tal, todo un arte. Puritita estrategia. Y combina todas las cosas que me encantan: planeación, promoción, branding, finanzas, investigación (SÍ, después de años diciendo que la odiaba, me gusta la investigación de mercados lo cual comprueba el dicho ese de "del odio al amor..."). Y me encanta, me emociono quebrándome la cabeza haciendo presupuestos, alineando mis objetivos y haciendo un programa. Soy feliz. Siento que todo lo que he aprendido tiene sentido. Me siento tan fucking útil en este planeta haciendo lo que amo hacer...
...y entonces viene la tormentosa realidad. La planeación hermosa de academia, está empañada en la práctica por: poder, negociaciones bajo el agua, competencia desleal, política, monopolios, fraudes, mentiras, engaños, guerra sucia, corrupción, manipulación, trasnacionales todopoderosas pisoteando y esclavizando a los peces pequeños, brincoteando con botas lodosas sobre el fair trade y todo lo que ustedes ya saben por lo que los mercadólogos (y ahora me incluyo porque soy una master en marketing en potencia) somos considerados hijos del diablo. Pero el marketing en esencia no es eso. Si uno le pregunta ahora a algunos mercadólogos cual es la esencia del marketing, contestan: "Qué pregunta! Pues obvio las ventas...". No señores. Regresense a primer semestre. Recuerden. La esencia del marketing...es
el intercambio. No. No es lo mismo. O si, pero más bien el intercambio incluye a la venta, va más allá. Dejen de pensar en pesos. Sí, son esenciales. Pero volviendo a lo básico, el verdadero fondo es la satisfacción de necesidades del mercado a través del intercambio. Ese, al que le estás vendiendo tu marca, es tu
bendita maldita razón de ser. Le estás entregando tu marca a cambio de su dinero. Tú también, no sólo recibes, das algo a cambio a ese ser humano pensante y decisor de una compra que es mucho más que una cifra, que no es sólo una migaja de la rebanada de pastel que termina siendo tu grafiquita de market share...
Y sí. Soy una utopista, una ingenua y una dreamer. He aquí mi bendito drama existencial.
Amo el marketing. Y lo
odio. Odio en lo que se ha convertido, pero no sé vivir sin él. He pasado años pensando en
jamás ejercerlo y entre más aprendo, más me enamoro, más me encuentro ahí, deseosa por comenzar mi primer proyecto profesional haciendo una CIM. Y entre más observo lo que pasa a mi alrededor, más náuseas me provoca. Y me pregunto todos los días si encontraré la manera de enfocar mi pasión de forma positiva, ética, objetiva y justa. Y si podré lograrlo en contra de un sistema capitalista y posmoderno que ha echado a perder todo y que al mismo tiempo es la base de la supervivencia de aquello que amo. Y he ahí mi mayor dilema en la vida... al menos hasta este momento.
Y, y, y...
Hola, soy Nan Noir. Estoy en medio de una relación enfermiza con un hijo de puta. Se llama Marketing. Y sé que es un hijo de puta, pero lo amo.