Todos los días he tenido ganas de escribirte, mismas que se contienen una y otra vez.
Porque... ¿qué voy a decirte? Nada de lo que diga sirve, ni siquiera para mí.
Porque cuando apenas puede servir descargar mi frustración por lo fácil que fue deshacerte de mí como una carga, llega la compasión de pensar que te haría infeliz el resto de tu vida, y cuando estoy convencida de que ése es el argumento, recuerdo lo fácil que fue para ti hacerme tantas promesas y castillos en el aire y te odio como nunca, mismo odio que se vuelca después contra mí por creer cada palabra, y luego se revierte en fuerza para salir adelante y no pensar más en ti, ni escribirte nada porque no mereces uno sólo de mis pensamientos, esos que se quedan suspendidos en la nada un momento para luego volcarse sobre mí otra vez...
Quizá eso deba decirte. Que no mereces mi amor. O que yo no merezco el amor. O que los dos lo merecemos pero con gente más inteligente. O que nos merecemos todo, una segunda oportunidad en la que nos perdonemos todo y volvamos a empezar. O que no mereces nada por cobarde. O lo mereces todo por determinado. O que en realidad, ya no se nada, ni cómo voy a estar bien mañana.
La única verdad el día de hoy, es que igual que todos, esperé saber de ti a pesar de que sé que no lo haré. Y desearía enviarte bendiciones. O no. Y he tenido ganas de escribirte, pero nada de lo que diga sirve. Ni siquiera para mí.
lunes, 18 de mayo de 2015
lunes, 4 de mayo de 2015
Bendita ignorancia
Una nunca sabe cómo será la siguiente vez. Sabe que es una posibilidad pero intenta no pensar en ella, preferentemente nunca. Sobre todo los primeros meses, cuando todo es rosa, los besos son en cada esquina, los te amo brotan en cualquier instante y nunca se duda de lo genuino de cada caricia.
Sabe que duele, ha dolido antes, más o menos. Sabe que se sobrevive a ese dolor. Sabe que un día se repondrá y pensará en intentarlo de nuevo. Sabe que cada vez será más difícil. Pero finalmente, es un ciclo.
Y sin embargo, a pesar de todo lo que se sabe, a pesar de que todo sucede de forma tan parecida: la desidia, un mal día, las palabras hirientes, los resentimientos guardados, la indiferencia, el vacío, una puede, no presentir, simplemente vislumbrar escenarios. A pesar de todo eso, no se sabe cuánto dolerá la próxima vez. Cuándo sucederá y cómo se va a salir de ello. Cómo después de haber construido tantas historias en tan poco tiempo, de pronto todas deben guardarse en ese cajón de los recuerdos bonitos. Cómo volver a salir a la calle sin pensar en todo lo que sucedió en cada lugar, desde la primera cita hasta la última. Si hay tantos instantes grabados que vuelven a la mente una y otra vez. No se sabe si esta noche el cansancio vencerá y una volverá a dormir, o volverá a pasar la noche en vela, pensando en cómo todo lo que pudo salir mal, salió mal. En si alguna vez volverá a ser la misma. Y al mismo tiempo, deseando nunca más volver a ser la misma. Porque esa misma ha pasado por esta historia una y otra vez. Esa es la que saca las mismas heridas de guerra a la menor provocación. Así que una piensa, y desea, desea matar un poco de sí para que nuevas partes nazcan, desea amar un poco más de sí para que las cicatrices se cubran, desea cambiar, cambiarlo todo, empezar de nuevo, renacer. Aunque no tenga puta idea de por dónde empezar, está segura que ese es el único camino...
Así que de esto se trata. Ya no hay ayer, Aún no hay mañana. Hoy voy a sobrevivir a esto, porque no es el fin del mundo. No sé cómo será la siguiente vez, no sé cómo será mañana. No sé cómo lograré levantarme de la cama ni si pronto dejaré de llorar. No se cómo será el cajón donde guarde todos esos sueños de ser su esposa y la madre de sus hijos. Pero hoy, voy a hacer todo a mi alcance para estar bien, para buscar las respuestas de cómo estar en paz conmigo y hacerlo diferente.
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