lunes, 14 de noviembre de 2011
lunes, 17 de octubre de 2011
Una historia
Uno de los recuerdos más bonitos de mi infancia es el siguiente:
Cuando era niña, era una gran lectora. Gran parte de ello se lo debo a mi papá. Mi padre amaba leer: leía en los camiones, leía en casa, leía mientras esperaba que yo saliera de la escuela, leía en la fila del banco, leía siempre. De él y con él, aprendí a leer. Así pues, mi padre era un gran cazador de historias y libros de segunda mano, pues eso le permitía adquirirlos a muy bajo costo y con gran frecuencia. En aquel entonces aún no eran tan comunes las islas de libreros que ahora forman parte del pasaje Enríquez, así que buscaba siempre nuevos lugares donde poder conseguir sus novelas.
En una ocasión, llegó a presumirme muy contento que había encontrado un lugar genial. Era una pequeña nevería ubicada en un callejoncito, a unos pasos de la tradicional -y creo que hoy extinta- chocolatería Choco Tepa. Me contó que vendían unas nieves buenísimas (seguro ya lo había corroborado), caseras y a buen precio, en una placita muy bonita y apacible donde se podían disfrutar. Y mejor aún, vendían novelas nuevas y seminuevas de todo tipo. Qué mejor combinación.
No tardó en llevarme saliendo de la escuela a compartir su gran descubrimiento.Yo tendría entonces como unos diez años. La nevería-librería era atendida por una señora muy amable y recuerdo que parte de su familia. Quizá él pudiera dar mejores detalles. Y en verdad, el lugar era y sigue siendo encantador y si algún paisano lo conoce no me dejará mentir. En ese entonces todo estaba más bonito y cuidado, la nevería era más grande y tenía mesitas en el exterior donde uno podía saborear su nieve y leer. Recuerdo que preparaban unos flotantes con helado de vainilla y de limón buenísimos y desde que los descubrí se hicieron mis favoritos.
Desde entonces nos hicimos asiduos compradores, yo de nieves, mi padre de libros. Llevadero y agradable como fue siempre, no tardó en hacer amistad con la señora y siendo clientes frecuentes, la amistad prosperó.
No recuerdo la ocasión ni el día, se que fue uno de tantos, pero en nuestra habitual búsqueda de libros y nieves, la señora me mostró un libro de una colección juvenil que dijo era perfecto para mí. Se llamaba Alicia y Jill y era una historia sencilla sobre dos amigas que se conocían un verano en la campiña italiana. Tampoco recuerdo con exactitud cómo sucedió ni qué la llevó a hacerlo, aunque lo supongo, pero ese día la señora me regaló el libro.
Lo leí una, y otra, y otra, y otra vez. Aún recuerdo la historia detalle a detalle, las ilustraciones, la textura. El libro debe seguir por ahí, en la casa de mis abuelos. Probablemente sea uno de los regalos más lindos y que más he disfrutado en toda mi vida y años después, cada vez que pasaba por ahí -lo cual no era muy seguido pues es un callejoncito escondido y sólo uno que otro taxi callejonero me llevaba- recordaba a la señora, los libros, las nieves y el libro que me regaló y por el cual siempre le estaré agradecida.
Dejamos de ir. Creo que la nevería empezó a pasar una mala racha y terminó cerrando, no lo se. Empezamos a hacer otras cosas, llegaron más vendedores de libros a la ciudad y el hambre de novelas de mi padre lo llevó a buscar nuevos puntos de venta. En ocasiones salía a la plática la nevería y la placita: "¿Te acuerdas de la nevería, y de los flotantes, y la señora? Creo que ya cerró, pero qué buenas eran". Luego mi papá se fue y con él la búsqueda insaciable de historias. Me dediqué a otras cosas, abandoné los libros y me transformé en aprendiz de mercadóloga.
Este fin de semana, buscando un nuevo lugar para vivir, llegamos al callejón. La placita estaba intacta. La fuente de los platos, la jardinera, la banca, las casas decoradas. Y el letrero. Y la puerta. La nevería estaba ahí de nuevo. Le dije a mi madre que quería una nieve y mientras ella se ocupaba de averiguar sobre rentas yo fui con la más pequeña de las Noir en busca de mis recuerdos. El lugar es una quinta parte de lo que una vez fue, pero reconocí el viejo mueble de madera similar a donde exhibían los libros, vacío ahora. Una mujer atendía a una pareja. Era ella. Pensé en todo lo que podía decirle, pero cuando llegó mi turno sólo acerté a preguntar cuánto costaban las nieves. El olor a madera vieja y a medicina me recordaba que habían pasado al menos quince años desde aquel día en que me regaló un libro. La miré y le sonreí, como si esperase estúpidamente que me reconociera. Obviamente no fue así. Su rostro marchito por los años me dejó ver el paso del tiempo pero su sonrisa amable no ha cambiado. Esas cosas nunca cambian. Compré una nieve para mi hermanita, otra para mí, le di las gracias con una gran sonrisa y le dije adiós.
Cuando era niña, era una gran lectora. Gran parte de ello se lo debo a mi papá. Mi padre amaba leer: leía en los camiones, leía en casa, leía mientras esperaba que yo saliera de la escuela, leía en la fila del banco, leía siempre. De él y con él, aprendí a leer. Así pues, mi padre era un gran cazador de historias y libros de segunda mano, pues eso le permitía adquirirlos a muy bajo costo y con gran frecuencia. En aquel entonces aún no eran tan comunes las islas de libreros que ahora forman parte del pasaje Enríquez, así que buscaba siempre nuevos lugares donde poder conseguir sus novelas.
En una ocasión, llegó a presumirme muy contento que había encontrado un lugar genial. Era una pequeña nevería ubicada en un callejoncito, a unos pasos de la tradicional -y creo que hoy extinta- chocolatería Choco Tepa. Me contó que vendían unas nieves buenísimas (seguro ya lo había corroborado), caseras y a buen precio, en una placita muy bonita y apacible donde se podían disfrutar. Y mejor aún, vendían novelas nuevas y seminuevas de todo tipo. Qué mejor combinación.
No tardó en llevarme saliendo de la escuela a compartir su gran descubrimiento.Yo tendría entonces como unos diez años. La nevería-librería era atendida por una señora muy amable y recuerdo que parte de su familia. Quizá él pudiera dar mejores detalles. Y en verdad, el lugar era y sigue siendo encantador y si algún paisano lo conoce no me dejará mentir. En ese entonces todo estaba más bonito y cuidado, la nevería era más grande y tenía mesitas en el exterior donde uno podía saborear su nieve y leer. Recuerdo que preparaban unos flotantes con helado de vainilla y de limón buenísimos y desde que los descubrí se hicieron mis favoritos.
Desde entonces nos hicimos asiduos compradores, yo de nieves, mi padre de libros. Llevadero y agradable como fue siempre, no tardó en hacer amistad con la señora y siendo clientes frecuentes, la amistad prosperó.
No recuerdo la ocasión ni el día, se que fue uno de tantos, pero en nuestra habitual búsqueda de libros y nieves, la señora me mostró un libro de una colección juvenil que dijo era perfecto para mí. Se llamaba Alicia y Jill y era una historia sencilla sobre dos amigas que se conocían un verano en la campiña italiana. Tampoco recuerdo con exactitud cómo sucedió ni qué la llevó a hacerlo, aunque lo supongo, pero ese día la señora me regaló el libro.
Lo leí una, y otra, y otra, y otra vez. Aún recuerdo la historia detalle a detalle, las ilustraciones, la textura. El libro debe seguir por ahí, en la casa de mis abuelos. Probablemente sea uno de los regalos más lindos y que más he disfrutado en toda mi vida y años después, cada vez que pasaba por ahí -lo cual no era muy seguido pues es un callejoncito escondido y sólo uno que otro taxi callejonero me llevaba- recordaba a la señora, los libros, las nieves y el libro que me regaló y por el cual siempre le estaré agradecida.
Dejamos de ir. Creo que la nevería empezó a pasar una mala racha y terminó cerrando, no lo se. Empezamos a hacer otras cosas, llegaron más vendedores de libros a la ciudad y el hambre de novelas de mi padre lo llevó a buscar nuevos puntos de venta. En ocasiones salía a la plática la nevería y la placita: "¿Te acuerdas de la nevería, y de los flotantes, y la señora? Creo que ya cerró, pero qué buenas eran". Luego mi papá se fue y con él la búsqueda insaciable de historias. Me dediqué a otras cosas, abandoné los libros y me transformé en aprendiz de mercadóloga.
Este fin de semana, buscando un nuevo lugar para vivir, llegamos al callejón. La placita estaba intacta. La fuente de los platos, la jardinera, la banca, las casas decoradas. Y el letrero. Y la puerta. La nevería estaba ahí de nuevo. Le dije a mi madre que quería una nieve y mientras ella se ocupaba de averiguar sobre rentas yo fui con la más pequeña de las Noir en busca de mis recuerdos. El lugar es una quinta parte de lo que una vez fue, pero reconocí el viejo mueble de madera similar a donde exhibían los libros, vacío ahora. Una mujer atendía a una pareja. Era ella. Pensé en todo lo que podía decirle, pero cuando llegó mi turno sólo acerté a preguntar cuánto costaban las nieves. El olor a madera vieja y a medicina me recordaba que habían pasado al menos quince años desde aquel día en que me regaló un libro. La miré y le sonreí, como si esperase estúpidamente que me reconociera. Obviamente no fue así. Su rostro marchito por los años me dejó ver el paso del tiempo pero su sonrisa amable no ha cambiado. Esas cosas nunca cambian. Compré una nieve para mi hermanita, otra para mí, le di las gracias con una gran sonrisa y le dije adiós.
Foto de la placita tomada desde la nevería mientras mi madre sacaba 20 pesos de su bolsa para dos nieves
lunes, 19 de septiembre de 2011
La soledad
La soledad es muy cómoda
no dependes de nadie
administras tus tiempos
nadie critica tu desorden
comes lo que quieres
eliges tus horas de dormir
sólo tú puedes herirte con tus pensamientos sombríos
que siempre ahogas con esperanzas fútiles
la soledad es tan cómoda
que puedes hundirte en ella
y siempre te abrazará en su lecho suave para dormir
pero cuando decides
salir
decir sí a las invitaciones de tus viejos amigos
decir sí a celebrar los buenos momentos
decir sí a tender un hombro para llorar
decir sí a esas cosas tan engorrosas
como compartir la comida
reírse de malos chistes
discutir por estupideces
abrazarse
charlar bajo la lluvia
o dormir con alguien
esas cosas que hacen perder el tiempo y la paciencia
y que parecieran nutrir el espíritu
descubres que la soledad es muy cómoda
pero incómodamente solitaria.
no dependes de nadie
administras tus tiempos
nadie critica tu desorden
comes lo que quieres
eliges tus horas de dormir
sólo tú puedes herirte con tus pensamientos sombríos
que siempre ahogas con esperanzas fútiles
la soledad es tan cómoda
que puedes hundirte en ella
y siempre te abrazará en su lecho suave para dormir
pero cuando decides
salir
decir sí a las invitaciones de tus viejos amigos
decir sí a celebrar los buenos momentos
decir sí a tender un hombro para llorar
decir sí a esas cosas tan engorrosas
como compartir la comida
reírse de malos chistes
discutir por estupideces
abrazarse
charlar bajo la lluvia
o dormir con alguien
esas cosas que hacen perder el tiempo y la paciencia
y que parecieran nutrir el espíritu
descubres que la soledad es muy cómoda
pero incómodamente solitaria.
jueves, 15 de septiembre de 2011
Vacuna para el deber ser
El mundo del deber ser no es funcional para nadie, mas que para mí. Todos saben que existe pero nadie se lo toma tan en serio. Y yo... Debes decir la verdad. No debes emborracharte. Debes ser amable con todos. No debes ser infiel. Debes casarte y tener dos hijos. No debes llegar a los 30 sin ser lo que esta sociedad cataloga como una mujer exitosa. Y esa mierda. Hace años descubrí que estas reglas autoimpuestas no me sirven de nada y aún no logro deshacerme de ellas.¿Hay una vacuna para el deber ser? ¿O ya está descontinuada? No me extrañaría, siempre llego cuando todos ya se han ido.
domingo, 4 de septiembre de 2011
Anecdotario
Esta historia se repite, cada vez que Nan requiere hacer trámites to the hell:
-Nan: Madre, puedes darme mi CURP y el acta de nacimiento que te di?
-Mrs. Noir: Me diste?
-Nan: Sí, te las di cuando dijiste que me ibas a asegurar en el IMSS.
-Mrs. Noir: Tú a mí no me diste nada.
-Nan: Sí, madre. El mes pasado. Fuimos a las oficinas del IMSS y las necesitabas, así que te di todos mis documentos. Me los puedes dar por favor?
-Mrs. Noir: Fuimos al IMSS?
-Nan: Sí, y a ver lo del seguro popular. Te acuerdas? Cuando te daba miedo que me rompiera una pata?
-Mrs. Noir: Tú y yo no fuimos a ningún lado. Yo no tengo nada.
-Nan: Madre... tú los tienes...
(Mrs. Noir da de vueltas y busca entre sus papeles)
-Mrs. Noir: Yo no tengo nada. Tú como siempre, tienes tu tiradero y cuando necesitas algo, vienes y me echas a mí la culpa. Yo siempre tengo que estar al pendiente de todo en esta casa. De mis cosas, de mi trabajo y encima de tus papeles. Muy grandecita para andar con el novio pero no eres capaz de tener tus papeles en orden. Y como siempre me echas la culpa a mí. A ver qué vas a hacer si no aparecen. Gusto me va a dar, pero merecido te lo tienes, porque eres una desordenada, mira yo, papel que tomo, papel que dejo en su lugar, no es posible que a tu edad tenga una que andarte recogiendo los papeles por todos lados, a ver, esas facturas, tienen meses ahí tiradas, yo no se para que te facturo si esas facutras siempre están ahí tiradas...
(encuentra mis papeles)
¡Aquí están! Ah... sí... yo los tenía... ya recordé... que los puse aquí en este folder. ¿Ves? Yo siempre tengo mis folders en orden, siempre sé donde está todo. No se porqué no eres capaz de recordar dónde dejas las cosas...
-Nan: ¬¬ gracias, madre.
¿Qué haría una sin su madre?
-Nan: Madre, puedes darme mi CURP y el acta de nacimiento que te di?
-Mrs. Noir: Me diste?
-Nan: Sí, te las di cuando dijiste que me ibas a asegurar en el IMSS.
-Mrs. Noir: Tú a mí no me diste nada.
-Nan: Sí, madre. El mes pasado. Fuimos a las oficinas del IMSS y las necesitabas, así que te di todos mis documentos. Me los puedes dar por favor?
-Mrs. Noir: Fuimos al IMSS?
-Nan: Sí, y a ver lo del seguro popular. Te acuerdas? Cuando te daba miedo que me rompiera una pata?
-Mrs. Noir: Tú y yo no fuimos a ningún lado. Yo no tengo nada.
-Nan: Madre... tú los tienes...
(Mrs. Noir da de vueltas y busca entre sus papeles)
-Mrs. Noir: Yo no tengo nada. Tú como siempre, tienes tu tiradero y cuando necesitas algo, vienes y me echas a mí la culpa. Yo siempre tengo que estar al pendiente de todo en esta casa. De mis cosas, de mi trabajo y encima de tus papeles. Muy grandecita para andar con el novio pero no eres capaz de tener tus papeles en orden. Y como siempre me echas la culpa a mí. A ver qué vas a hacer si no aparecen. Gusto me va a dar, pero merecido te lo tienes, porque eres una desordenada, mira yo, papel que tomo, papel que dejo en su lugar, no es posible que a tu edad tenga una que andarte recogiendo los papeles por todos lados, a ver, esas facturas, tienen meses ahí tiradas, yo no se para que te facturo si esas facutras siempre están ahí tiradas...
(encuentra mis papeles)
¡Aquí están! Ah... sí... yo los tenía... ya recordé... que los puse aquí en este folder. ¿Ves? Yo siempre tengo mis folders en orden, siempre sé donde está todo. No se porqué no eres capaz de recordar dónde dejas las cosas...
-Nan: ¬¬ gracias, madre.
¿Qué haría una sin su madre?
domingo, 28 de agosto de 2011
Lluvia
Lluvia, lávame
con tu llanto celeste
estos recuerdos
con tu llanto celeste
estos recuerdos
martes, 23 de agosto de 2011
Te quiero más de noche
Te quiero más de noche.
En el día, mientras trabajo, te quiero.
Y te extraño a ratos
como se extrañan las risas de la infancia.
Te pienso, mezclado entre el trabajo
con un toque de rutina y nuez espolvoreada.
Pero en la noche,
mientras todos duermen,
la ciudad calla
y la oscuridad aclara mis pensamientos,
más te pienso
y más te quiero.
Y recuerdo que me sabes a dulzura,
a palabras no dichas
y a recuerdos no hechos
Y entonces
de noche
te quiero.
Te quiero más que en la mañana
cuando te digo buenos días,
con la ilusión de que pronto sea de noche
y mi corazón se llene de tus besos,
imaginarios,
sedientos
besos.
Y te juro que te quiero
todo el tiempo
pero de noche,
de noche más te quiero.
En el día, mientras trabajo, te quiero.
Y te extraño a ratos
como se extrañan las risas de la infancia.
Te pienso, mezclado entre el trabajo
con un toque de rutina y nuez espolvoreada.
Pero en la noche,
mientras todos duermen,
la ciudad calla
y la oscuridad aclara mis pensamientos,
más te pienso
y más te quiero.
Y recuerdo que me sabes a dulzura,
a palabras no dichas
y a recuerdos no hechos
Y entonces
de noche
te quiero.
Te quiero más que en la mañana
cuando te digo buenos días,
con la ilusión de que pronto sea de noche
y mi corazón se llene de tus besos,
imaginarios,
sedientos
besos.
Y te juro que te quiero
todo el tiempo
pero de noche,
de noche más te quiero.
viernes, 19 de agosto de 2011
Tres deseos
Hoy me encontré una pregunta en Facebook, que decía:
Eso o esto...
xD
Nocierto, lo prometo.
¿Si pudieras pedir 3 deseos, cuáles serían?
Después de mucho meditarlo (en clase [no lo hagan, niños, Nan es mala y no deben seguir su ejemplo]) decidí que serían los siguientes:
- Igualdad de oportunidades para todas las personas.
- Que el ser humano quede imposibilitado para cometer actos crueles.
- Que la necesidad de poder y la ambición sean limitadas a lo estrictamente necesario para fomentar la competitividad.
Eso o esto...
xD
Nocierto, lo prometo.
sábado, 6 de agosto de 2011
Aforismo frustrado
Aquí iba un aforismo
Pero cuando lo tuve en mente nunca pude recordar la palabra aforismo
Y ahora que la recordé no puedo recordar lo que tuve en mente
Pero cuando lo tuve en mente nunca pude recordar la palabra aforismo
Y ahora que la recordé no puedo recordar lo que tuve en mente
jueves, 30 de junio de 2011
La vie en rose
El otro día me hice el propósito de aprenderme esta canción, pero como mi memoria envejece, la dejo aquí por si se me vuelve a olvidar:
Des Yeux Qui Font Baisser Les Miens
Un Rire Qui Se Perd Sur Sa Bouche
Voila Le Portrait Sans Retouche
De L'homme Auguel J'appartiens
Quand Il Me Prend Dans Ses Bras,
Il Me Parle Tout Bas
Je Vois La Vie En Rose,
Il Me Dit Des Mots D'amour
Das Mots De Tous Les Jours,
Et Ca Me Fait Quelques Choses
Il Est Entre Dans Mon Coeur,
Une Part De Bonheur
Dont Je Connais La Cause, C'est Lui Pour
Moi, Moi Pour Lui Dans La Vie
Il Me L'a Dit, L'a Jure Pour La Vie,
Et Des Que Je L'apercois
Alors Je Sens En Moi, Mon Coeur Qui Bat...
Des Nuits D'amour A Plus Finir
Un Grand Bonheur Qui Prend Sa Place
Les Ennuis, Des Chagrins S'effacent
Heureux, Heureux A En Mourir
Des Yeux Qui Font Baisser Les Miens
Un Rire Qui Se Perd Sur Sa Bouche
Voila Le Portrait Sans Retouche
De L'homme Auguel J'appartiens
Quand Il Me Prend Dans Ses Bras,
Il Me Parle Tout Bas
Je Vois La Vie En Rose,
Il Me Dit Des Mots D'amour
Das Mots De Tous Les Jours,
Et Ca Me Fait Quelques Choses
Il Est Entre Dans Mon Coeur,
Une Part De Bonheur
Dont Je Connais La Cause, C'est Lui Pour
Moi, Moi Pour Lui Dans La Vie
Il Me L'a Dit, L'a Jure Pour La Vie,
Et Des Que Je L'apercois
Alors Je Sens En Moi, Mon Coeur Qui Bat...
Des Nuits D'amour A Plus Finir
Un Grand Bonheur Qui Prend Sa Place
Les Ennuis, Des Chagrins S'effacent
Heureux, Heureux A En Mourir
domingo, 26 de junio de 2011
Parteaguas
Hoy salí a cenar con uno de mis mejores amigos y platicamos sobre los planes a futuro. Luego fui a celebrar el cumpleaños 25 de otra amiga, me reencontré con grandes amigos también y platicamos del futuro. Entonces Ross dijo: "vienen grandes parteaguas". Y si. Esperamos tanto tiempo por este momento y ahora que lo vemos llegar a nuestras manos la emoción, el temor a lo desconocido y las ganas de vencerlo nos invaden. Si esto no es la felicidad entonces no se que es. Vernos ahí, riendo, reencontrándonos, sabiendonos a punto de tomar caminos diferentes y sin embargo, aún juntos. Buscando coincidir. Esperanzados, mirando hacia atrás y hacia adelante y disfrutando el presente. Estos sorbos de vida son los que hacen no querer perderte ni un segundo más de este sabor exquisito. Celebrar la vida no debiera ser un placer momentáneo, sino una fiesta diaria. Pero concientizarlo de vez en cuando es un remanso para el alma. Celebremos pues, eso, la vida :)
lunes, 16 de mayo de 2011
Déjà vu
Llueve.
Lloro.
Estás.
Y no.
Llueve...
Lloro.
Estás.
Y no.
Llueve...
domingo, 24 de abril de 2011
De cómo dejé de escribir y otros dramas
Cuando era pequeña pocas veces participé en concursos y cosas así, básicamente porque siempre he sido super introvertida y con pánico al ridículo. Pero de las pocas cosas en las que concursé (y gané) algo tuvieron que ver con lo literario. Y es que leer y escribir siempre fue mi fuente de escape en la niñez. Le escribí una oda a mi perro cuando después de chingajoder por años logré que estuviera en mis brazos. El día que murió mi abuela, no la lloré, le escribí. Le escribí muchas cosas a mi padre las noches que me tocó velar su enfermedad. Al primer hombre con el que me clavé, le escribí hasta el cansancio, y cuando descubrí que en realidad era un pendejo, también le escribí. Podría compilar una antología de cartas no entregadas.Aún en mis primeros años en la universidad, escribí muchisimo, lo último que recuerdo haber escrito fue un cuento sobre un gallo, surgido de un comentario de mi madre mientras caminábamos a una cuadra de mi casa, y descubrimos un gallinero en un depa con el mencionado gallo solitario. Y entonces mi madre dijo: "¿Qué hace un gallo en pleno centro de la ciudad?" Cosas así, eran detonantes de mis historias.
Y comencé a perderlo, poco a poco. Empecé entonces mis anteriores blogs, porque ya que no leía, las únicas historias que me quedaban por contar eran las mías. Anécdotas, sentimientos, emociones, tristezas. Le escribí un blog entero a mi ex novio, en todo el largo proceso de asimilar nuestra separación, y el día que escribí sobre cómo al fin lo había superado, la flor que se había sembrado en mi desde la infancia, cuando era la niña prodigio de cinco años que escribía cuentos, tiró su último pétalo.
Ahora, no puedo leer, no puedo escribir, ni siquiera puedo twittear. 140 caracteres son demasiado para mi seco cerebro. Perdi mi capacidad de concentración, de síntesis, divago en las clases, no leo ni los libros de la escuela, me da igual estudiar o no, pero al mismo tiempo, me siento inmensamente CULPABLE. Es algo que no me deja vivir, una opresión en el pecho, un miedo inmenso me domina. Y una vocecita interna, todos los días me repite la misma cantaleta: "Tu principal virtud era ser lista. ¿Qué será de ti ahora que eres una completa mediocre? No eres lo suficientemente buena para NADA". y ya se que toooooodos los libros de superación dirían que el primer paso es dejar de autosabotearme y que los decretos y la chingada. Pero eso. Una chingada. No acabo de entender cómo llegué a este punto de convertirme en una versión miserable, ególatra y autocompasiva de mi misma. Y me duele tanto verme en esta lastimera situación y con tan pocas ganas de hacer algo al respecto, que me odio con unas fuerzas inmensas. ¿Se puede ser la floja, la analítica y la juez al mismo tiempo sin que nada pase? Sí, doy fé de ello. Quisiera salir de este círculo vicioso en primera porque me hace mal, en segunda porque para pendejearme ya está el resto del mundo, como por qué debiera hacerlo yo? Y en tercera, porque cada vez que me pendejeo, me hundo en mi miseria un poco más. El asunto es: que aún no hallo el cómo.
Creo que el primer paso es haber vuelto a mi terapia de escribir, que si me funciona tan bien desde que aprendí a leer, no se porqué no lo había practicado. No tengo puta idea de qué sigue después, así que si alguien puede decírmelo, se lo agradeceré por siempre. Si yo misma puedo decírmelo, me lo agradeceré por siempre. Comenzar a sentir que no he desperdiciado mi vida, Dios, cuánto daría por sentir eso. Y que ese cuánto daría pase de la frase a la acción, podría morir después de eso.
Y comencé a perderlo, poco a poco. Empecé entonces mis anteriores blogs, porque ya que no leía, las únicas historias que me quedaban por contar eran las mías. Anécdotas, sentimientos, emociones, tristezas. Le escribí un blog entero a mi ex novio, en todo el largo proceso de asimilar nuestra separación, y el día que escribí sobre cómo al fin lo había superado, la flor que se había sembrado en mi desde la infancia, cuando era la niña prodigio de cinco años que escribía cuentos, tiró su último pétalo.
Ahora, no puedo leer, no puedo escribir, ni siquiera puedo twittear. 140 caracteres son demasiado para mi seco cerebro. Perdi mi capacidad de concentración, de síntesis, divago en las clases, no leo ni los libros de la escuela, me da igual estudiar o no, pero al mismo tiempo, me siento inmensamente CULPABLE. Es algo que no me deja vivir, una opresión en el pecho, un miedo inmenso me domina. Y una vocecita interna, todos los días me repite la misma cantaleta: "Tu principal virtud era ser lista. ¿Qué será de ti ahora que eres una completa mediocre? No eres lo suficientemente buena para NADA". y ya se que toooooodos los libros de superación dirían que el primer paso es dejar de autosabotearme y que los decretos y la chingada. Pero eso. Una chingada. No acabo de entender cómo llegué a este punto de convertirme en una versión miserable, ególatra y autocompasiva de mi misma. Y me duele tanto verme en esta lastimera situación y con tan pocas ganas de hacer algo al respecto, que me odio con unas fuerzas inmensas. ¿Se puede ser la floja, la analítica y la juez al mismo tiempo sin que nada pase? Sí, doy fé de ello. Quisiera salir de este círculo vicioso en primera porque me hace mal, en segunda porque para pendejearme ya está el resto del mundo, como por qué debiera hacerlo yo? Y en tercera, porque cada vez que me pendejeo, me hundo en mi miseria un poco más. El asunto es: que aún no hallo el cómo.
Creo que el primer paso es haber vuelto a mi terapia de escribir, que si me funciona tan bien desde que aprendí a leer, no se porqué no lo había practicado. No tengo puta idea de qué sigue después, así que si alguien puede decírmelo, se lo agradeceré por siempre. Si yo misma puedo decírmelo, me lo agradeceré por siempre. Comenzar a sentir que no he desperdiciado mi vida, Dios, cuánto daría por sentir eso. Y que ese cuánto daría pase de la frase a la acción, podría morir después de eso.
lunes, 31 de enero de 2011
viernes, 28 de enero de 2011
Unidad de medida
Si quisiera ponerle una unidad de medida a la vida, lo haría por intervalos de emociones. Sería un caos, lo cual lo hace perfecto para mí. Largos intervalos, cortos,que cambian, se traslapan en ocasiones, diferentes todos en duración. Tiempo, unidad de medida que nos persigue, pero visto desde lo más humano que tenemos. Nuestros pensamientos y emociones. Volubles, manejables, engañosamente dominables emociones. Así, por ejemplo, yo he vivido 24 años y 9 meses, pero he vivido como 257 tristezas, 28,914 alegrías y 712 enojos. Eso me hace mayor, pero me hace sentir más viva.
lunes, 3 de enero de 2011
Numeralia/ Agenda
Un buen día, decidimos establecer parámetros de medición de nuestra historia, que dieron origen a estos datos inútiles:
Si creen en Dios, crean que se burla de mis planes. Si no, burlense ustedes mismos. Yo aquí los dejo como parte de la agenda que Héctor me motiva a llevar. Si las profecías mayas (tampoco) se cumplieron, igual y regreso en casi 10 años a ver que tan estúpida estaba un 3 de enero de mis maltrechos 24 en que tenía que estar trabajando y preferí ponerme a bloggear.
- He vivido en 4 décadas y dos siglos diferentes. Nací en los 80's, mi infancia se desarrolló en los 90's, fui testigo de que no se acabó el mundo en el 2000 y me enfrento al marketing digital y la inutilidad de una blackberry en 2011.
- Soy hija de una Baby Boomer que muere porque tenga estabilidad en mi vida y tiene miedo a encender una computadora. Yo, he visto pasar del Nintendo de cartucho tamaño familiar al Kinect. Honestamente, no recuerdo el Atari. Ni conozco la estabilidad.
- Este año, primero de la segunda década del siglo XXI, cumplo 25 años, termino el último grado de estudios al que fui amenazada a cumplir desde mi tierna infancia, planeo cerrar mi ciclo en la ciudad donde he vivido toda mi historia, y un cardiólogo dice que lo que toda mi vida creí que tuve, nunca lo tuve.
- No puedo cerrar esta década sin:
- Haber vivido sola
- Haber vivido en pareja
- Haber encontrado mi área de especialidad y estudiar más sobre ello
- Haber vivido en otras dos ciudades al menos
- Haber vivido en otro país al menos
- Tener un hijo
Si creen en Dios, crean que se burla de mis planes. Si no, burlense ustedes mismos. Yo aquí los dejo como parte de la agenda que Héctor me motiva a llevar. Si las profecías mayas (tampoco) se cumplieron, igual y regreso en casi 10 años a ver que tan estúpida estaba un 3 de enero de mis maltrechos 24 en que tenía que estar trabajando y preferí ponerme a bloggear.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


