domingo, 24 de abril de 2011

De cómo dejé de escribir y otros dramas

Cuando era pequeña pocas veces participé en concursos y cosas así, básicamente porque siempre he sido super introvertida y con pánico al ridículo. Pero de las pocas cosas en las que concursé (y gané) algo tuvieron que ver con lo literario. Y es que leer y escribir siempre fue mi fuente de escape en la niñez. Le escribí una oda a mi perro cuando después de chingajoder por años logré que estuviera en mis brazos. El día que murió mi abuela, no la lloré, le escribí. Le escribí muchas cosas a mi padre las noches que me tocó velar su enfermedad. Al primer hombre con el que me clavé, le escribí hasta el cansancio, y cuando descubrí que en realidad era un pendejo, también le escribí. Podría compilar una antología de cartas no entregadas.Aún en mis primeros años en la universidad, escribí muchisimo, lo último que recuerdo haber escrito fue un cuento sobre un gallo, surgido de un comentario de mi madre mientras caminábamos a una cuadra de mi casa, y descubrimos un gallinero en un depa con el mencionado gallo solitario. Y entonces mi madre dijo: "¿Qué hace un gallo en pleno centro de la ciudad?" Cosas así, eran detonantes de mis historias.

Y comencé a perderlo, poco a poco. Empecé entonces mis anteriores blogs, porque ya que no leía, las únicas historias que me quedaban por contar eran las mías. Anécdotas, sentimientos, emociones, tristezas. Le escribí un blog entero a mi ex novio, en todo el largo proceso de asimilar nuestra separación, y el día que escribí sobre cómo al fin lo había superado, la flor que se había sembrado en mi desde la infancia, cuando era la niña prodigio de cinco años que escribía cuentos, tiró su último pétalo.

Ahora, no puedo leer, no puedo escribir, ni siquiera puedo twittear. 140 caracteres son demasiado para mi seco cerebro. Perdi mi capacidad de concentración, de síntesis, divago en las clases, no leo ni los libros de la escuela, me da igual estudiar o no, pero al mismo tiempo, me siento inmensamente CULPABLE. Es algo que no me deja vivir, una opresión en el pecho, un miedo inmenso me domina. Y una vocecita interna, todos los días me repite la misma cantaleta: "Tu principal virtud era ser lista. ¿Qué será de ti ahora que eres una completa mediocre? No eres lo suficientemente buena para NADA". y ya se que toooooodos los libros de superación dirían que el primer paso es dejar de autosabotearme y que los decretos y la chingada. Pero eso. Una chingada. No acabo de entender cómo llegué a este punto de convertirme en una versión miserable, ególatra y autocompasiva de mi misma. Y me duele tanto verme en esta lastimera situación y con tan pocas ganas de hacer algo al respecto, que me odio con unas fuerzas inmensas. ¿Se puede ser la floja, la analítica y la juez al mismo tiempo sin que nada pase? Sí, doy fé de ello. Quisiera salir de este círculo vicioso en primera porque me hace mal, en segunda porque para pendejearme ya está el resto del mundo, como por qué debiera hacerlo yo? Y en tercera, porque cada vez que me pendejeo, me hundo en mi miseria un poco más. El asunto es: que aún no hallo el cómo.

Creo que el primer paso es haber vuelto a mi terapia de escribir, que si me funciona tan bien desde que aprendí a leer, no se porqué no lo había practicado. No tengo puta idea de qué sigue después, así que si alguien puede decírmelo, se lo agradeceré por siempre. Si yo misma puedo decírmelo, me lo agradeceré por siempre. Comenzar a sentir que no he desperdiciado mi vida, Dios, cuánto daría por sentir eso. Y que ese cuánto daría pase de la frase a la acción, podría morir después de eso.