martes, 12 de octubre de 2010
L siempre sabe
Ayer ví a L. Él es una de las personas más importantes en mi vida. Nos conocimos hace doce años, en la secundaria. Nunca nos hablamos entonces, pero sirvió de referente para la cercanía en la universidad, seis años después: "Tú estabas conmigo en la Morelos, verdad?" Y así comenzó la relación de amistad más grande que tengo a la fecha. Ese hombre y yo somos agua y aceite, pensamos, vivimos y queremos cosas bien diferentes. Pero es incondicional. L ha estado conmigo en los momentos más densos de mi vida exceptuando la muerte de mi padre y eso porque fue antes de entrar a la universidad. Y en mi comportamiento errático de siempre vivir por mi cuenta y olvidarme de los demás, L siempre está conmigo. Y si no lo busco, él me busca, y aparece un día en mi puerta, tan sonriente como acostumbra. Ha cambiado su playerota del América y sus pulseras de hilo por una polo y un portafolio, pero aquí está, más tarde o más temprano, él está. Y aquí estuvo ayer, como siempre, en esos "momentos coyunturales" de nuestras vidas, justo a tiempo, para hacer el análisis de lo que somos y lo que queremos ser, para darnos esa palabra de ánimo que siempre necesitamos y llega en el momento necesario. "Sí se puede". Comenzar. Terminar. Cambiar. Evolucionar. Arriesgarse. Todo es posible. Y todo es factible una vez que lo he desenrollado y que lo he exteriorizado, siempre con L. Nadie más lo sabe, pero L siempre sabe. No en vano es el único que me dice: "Morra, te conozco, a mí no me engañas". Y se lo creo.
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